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La depresión posparto de la mano de Dios

las caras de la maternidad May 19, 2021

“Levantaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi ayuda? Mi ayuda viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra” (Sal 121:1-2 NBLA). Este salmo es conocido como “Canto del peregrinaje”, y es un cántico que pregona las obras de Dios a favor de Israel, específicamente por su cuidado. El salmista, a través de estas palabras, expresa su confianza en la providencia protectora de Dios, esa que apunta a la obra de Cristo por nuestra salvación. 

La vida en este mundo es nuestro peregrinaje; caminamos como expatriados viendo hacia arriba, donde se encuentra Dios en su trono. Pero ¿qué tiene que ver esto con la depresión posparto? ¡Mucho! Porque, en medio de una depresión, lo que más necesitamos es su ayuda. En este peregrinaje, sufrimos, y la depresión y otros trastornos mentales son parte del sufrimiento y del dolor que existe en la Tierra. 

La depresión posparto es un trastorno del estado de ánimo. Afecta a las mujeres después de dar a luz y se caracteriza por sentir extrema tristeza, ansiedad, cansancio, por tener dificultad para realizar las actividades cotidianas, entre otras cosas. La depresión posparto es una realidad en nuestro mundo y muchas mujeres que la experimentan callan por miedo a ser juzgadas o por no saber cómo buscar ayuda. 

Recuerdo compartir con una amiga que enfrentaba desgano, cansancio y tristeza. Pasaba mucho tiempo llorando y no tenía ganas de hacer nada. Al mismo tiempo, tenía que lidiar con una mezcla de sentimientos y pensamientos de culpa al sentirse de esa manera mientras cargaba a su hermosa bebé entre sus brazos. Se le dificultaba mucho disfrutarla, cuidarla, cambiarla y levantarse cada dos horas para alimentarla y atenderla; era demasiado abrumador. Lo peor de todo es que no quería hablar sobre lo que le estaba pasando, lo único que quería era estar sola. 

 

Atravesar una depresión no es nada sencillo. Muchas personas ni siquiera comprenden lo que les ocurre, y reconocerlo es muy difícil, especialmente en una sociedad cristiana que no es susceptible o compasiva ante estas situaciones que, estando en un mundo caído, sí o sí enfrentaremos. 

 

¿CÓMO AYUDAMOS?

“Lleven los unos las cargas de los otros, y cumplan así la ley de Cristo” (Gal 6:2 NBLA). ¿Cuál ley? La ley del amor por los creyentes (Jn 13:34). Esto significa que no ayudamos con la expectativa de cómo nuestra ayuda es recibida, porque no se trata de nosotras, sino de la persona a quien estamos apoyando. Nuestras oraciones necesitan estar envueltas de acciones; gocémonos con los que se gozan y verdaderamente lloremos con los que lloran (Ro 12:15). 

 

La mujer que atraviesa una depresión posparto, de cierta manera, alza los ojos a los montes pidiendo el favor de Dios, y nosotras personificamos esa ayuda que viene del cielo. Ya sea orando, ayudádole a cuidar a su bebé, limpiando su casa, atendiendo a sus otros hijos, abrazándola, recordándole -quizás dejándole una nota con un versículo- que la verdadera ayuda viene del Señor, quien la protege y la cuida. Puedes llevarla a tomar un café, al médico, o apoyarla en cualquier actividad en la que necesite ayuda. Las luchas se comparten. Damos la misma compasión que hemos recibido por parte de Cristo. Tal vez no sea apreciada en ese momento, pero te aseguro que lo será después, y si no, da por hecho que el Señor está siendo glorificado a través de tu vida. 

Otra manera en la que puedes apoyar y que a veces resulta muy complicada es dejando los prejuicios de lado. Toma unos minutos y reflexiona sobre cuáles son tus creencias sobre la depresión o sobre cualquier otro trastorno o enfermedad mental. ¿Crees que quien la padece es a causa de un pecado en específico? ¿Piensas que las personas que la sufren es porque tienen algún problema espiritual? Es momento de poner los pies sobre la tierra y entender que los trastornos mentales son tan comunes como cualquier otra enfermedad que nuestro cuerpo imperfecto pueda padecer. Este tipo de falsas creencias crean barreras. En lugar de permitirnos acercarnos en amor y compasión por los enfermos, nos alejan creyendo que hay “algo malo” en ellos. ¡Basta! Tu amiga, tu hermana o tu vecina puede estar sufriendo depresión posparto y lo único que necesita de ti es tu amor y servicio. Simplemente te pido que medites y que analices qué ideas necesitas cambiar para que puedas servir a las mujeres que sufren depresión posparto. 

 

¿CÓMO RECIBES ESA AYUDA?

Uno de los más grandes consuelos es saber que Dios siempre está actuando como tu guardián, por lo que, incluso en el problema más grande, no debes tener temor, porque Él nos ha dado la victoria; Él te ha hecho suya y no te dejará. Si Dios no escatimó a su Hijo, sino que lo entregó para que tú y yo seamos salvas, ¿no nos dará también todo lo que necesitemos? Recuerda que todo ayuda a bien para los que han sido llamados a Él (Ro 8:28-32).

Recuerdo acompañar a mi amiga y repetirle estas verdades una y otra vez. Decirle que, aunque esto pareciera el final de su vida o algo demasiado imposible de enfrentar, no lo era para Dios. Todas lo que vivimos está destinado a hacernos como Cristo.

Aunque no sea lo que quieras escuchar, solo guarda silencio y tu alma lo reconocerá. Recibe estas verdades con humildad, no esperando sentir algo o que tengan un sentido en ese momento, recíbelas por fe en el Señor. 

De generación en generación, especialmente en nuestra cultura latina, hemos aprendido a mantener en secreto las enfermedades o trastornos mentales. No tengas miedo y también deja de lado los prejuicios. Reconoce lo que está pasando en tu cuerpo y busca apoyo. Tu humildad al reconocer lo vulnerable que eres y lo mucho que necesitas de Dios hablará más de tu fidelidad en Él que las mentiras que pueda creer la gente de ti por padecer depresión posparto. ¡Dejemos de poner barreras entre la realidad del mundo caído y la gracia que Dios ha derramado para nuestra salvación! Estoy segura de que Él quiere obrar en tu vida y mostrarte su misericordia a través de médicos, terapeutas, familiares y amigos. Si te ofrecen ayuda, dependiendo de tu situación, acéptala. Pelea contra ese desánimo confiando en la ayuda que viene del Señor a través de otras mujeres, de tu iglesia, de profesinales de la salud y de toda la gente que te ama y desea servirte, aun si no lo hacen bien. Todos estamos aprendiendo a amarnos y a cuidarnos. 

EL EVANGELIO ES LA VERDADERA AYUDA

Por eso, si has creído en Cristo por gracia, por fe en la vida, muerte y resurrección de Cristo, te has arrepentido para recibir el perdón por tus pecados y confías en su obra santificadora, la mejor noticia que puedes recibir es el evangelio. No te pierdas de estos momentos de exhortación en medio del desánimo. ¿Por qué? Porque las verdades bíblicas son un manantial en tu desierto. 

La justificación -ya no eres deudora ante Dios por tus pecados por la obra de la cruz- te recuerda que no tienes por qué sentirte culpable, avergonzada o que has fallado. La depresión posparto no es una falla en la vida espiritual. Situaciones como estas nos recuerdan que Cristo nos ha reconciliado y que tenemos paz con nuestro Padre, por eso ¡Él es nuestro ayudador por excelencia!  

Por favor, no olvides que no estás sola. Dios no te ha salvado para olvidarte. La depresión posparto puede tomar días o meses, pero el Señor ha prometido que “el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús” (Fil 1:6 NVI). Su gracia es suficiente, verdaderamente suficiente (2 Co 12:9). Sé honesta con tu esposo, con tus amigas, con tu familia, con tu iglesia y busca ayuda y consejo. No tengas miedo de mostrarte vulnerable, reconoce que eres candidata de la gracia de Jesús y permite que otros puedan ver que Dios es tu ayudador y el que te sostiene. Y si no lo comprenden, alza los ojos a los montes, porque Dios soberano, sabe por lo que estás pasando y no te dejará. 

El evangelio es esperanza. Algunos días podrás sentirte como el salmista en el salmo 13:1: “¿Hasta cuándo, oh Señor? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás de mí tu rostro?” (Sal 13:1 NBLA). Pero si todo lo anterior es verdad y lo crees, puedes pedir y esperar la ayuda de Dios.  El sufrimiento que toleramos produce en nosotras paciencia y esperanza, porque su amor ha sido derramado en nuestros corazones. El evangelio es la buena noticia de esa esperanza que hoy podemos vivir hasta el día de Jesucristo.

La respuesta a la depresión posparto, al cáncer, a cualquier enfermedad o a ninguna es el evangelio; ¡lo necesitamos! La depresión posparto puede ser dolorosa, pero no se compara con el dolor de estar una eternidad separada de Dios. Él es poderoso en medio de tu sufrimiento y de lo que no comprendes. La fe viene por el oír, y el oír es la Palabra de Dios. Podemos creer en esa Palabra por fe porque Cristo ha venido a nosotras. Y si vino para salvarnos, y si nos ha dado su Espíritu para morar dentro de nosotras, ten por seguro que no se ha ido en medio de esta situación. Él está ahí, siendo el mismo Dios que no cambia, solo alza tus ojos a los montes, clama por su ayuda y descansa en Él. 

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