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Coqueteo con la atención

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Coqueteo con la atención
  • Cuando deseamos ser el centro de todo y todos, buscamos la gloria para nosotras.
  • Cuando deseamos ser el centro de atención, buscamos la aprobación de otros.
  • La búsqueda de atención hacia nosotras es pecado.
  • Necesitamos reconocer nuestro pecado y entregarlo a Cristo para que solo Él sea el centro de todo lo que somos y hacemos.
  • Necesitamos ver a Cristo, el manso y humilde de corazón para imitarlo.

 

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Coqueteo con la atención

¿A quién no le gusta ser aplaudido? ¿A quién no le gusta ser reconocido públicamente? ¿Cuántas veces me quejo o murmuro en mi mente de otros porque lo ocurrido no me favoreció? ¿Cuánto enojo sale de mi corazón cuando las cosas no salen como yo deseo? ¿Me enojo cuando no me dan la razón? ¿Me enojo cuando no me escogen? Si respondes afirmativamente a dos de estas preguntas, este artículo es para ti. Quizás estás coqueteando con la atención y no te has dado cuenta.

Seguramente has escuchado de los fariseos. Eran hombres judíos, líderes de las sinagogas y conocedores de la ley de Dios. Eran respetados, conocidos por su buena conducta y por preservar el cumplimiento de la ley mosaica; la cuidaban tanto, que hasta añadían algunas otras leyes con tal de asegurarse que el pueblo indocto se conformara a la ley. Estaban tan cegados por ello, que terminaron colocándose en el centro de su misión y no vieron al Mesías que tanto esperaban cuando Él se presentó delante de sus ojos. 

Antes juzgaba muy duro a los fariseos, sin embargo, debo ser honesta —y quisiera que tú también lo fueras—, me parezco a los fariseos. Deseo que todo se haga como yo digo, deseo que me vean y aplaudan, deseo que las personas se comporten como yo creo que es lo mejor o como es más cómodo para mis propósitos, y deseo tener el control de todo.

Evaluemos, según Mateo 23:1-7, algunas características de los fariseos con las que nosotras coqueteamos con la atención.

 

¿Cómo se comportan los fariseos?

Dicen y no hacen (v.3b)

Quienes llaman la atención, dan órdenes. Demandan de otros lo que ellas mismas no hacen, o al menos, no lo hacen públicamente. Puesto que nadie puede ser totalmente perfecto, tienen la capacidad de enfocarse en cumplir externamente aunque sus corazones están lejos de Dios. Pues se centran en su reputación, en su desempeño, en su apariencia y son motivadas por lo que otros piensan de ellas.

Culpan a otros (v.4)

Cuando los planes de ser el centro no funcionan, culpan a otros. A veces se previenen, saben que va a llegar aquella joven que es más popular, que tiene un mejor cuerpo, o que es más apreciada por otros, entonces hablan de ella antes de la reunión donde estarán con el solo propósito de desmeritar, pues solo ella puede ser el centro de atención.

Hacen todo para ser vistas (v.5)

El propósito es ser el centro de atención. Llamar la atención del joven que te gusta, o del jefe que deseas impresionar, o incluso de las hermanas de la iglesia. Deseas que sus miradas, la admiración, el respeto se centren en ti. Tú eres la inteligente, tú eres la más capaz, tú eres la que tiene todo lo que necesitan… solo que ellos no lo saben, entonces se los haces ver a través de la autocomplacencia.

 Desean el primer lugar (v.6)

Tener los primeros lugares en una reunión te ayudará a que te vean, te ayudará a que las personas que consideras privilegiadas estén más cercanas a ti y puedas darte a conocer. Hoy en día, las redes son esas plataformas que proveen un lugar especial para darte a conocer para que seas la persona que tenga más likes, más comentarios o interacciones y la atención esté en ti.

Son el centro de atención (v.7)

Al final, hacen todo para ser el centro de atención. Esto es lo que sus corazones sedientos piden: la aprobación de otros como su seguridad de que son valoradas. Si olvidan saludarte, crece el enojo, una aceleración rítmica y una ansiedad de lo que pasará si ya no te considera o si habla primero con la otra persona con la que compites por atención. 

 

¿Qué dice Jesús?

El que desee ser mayor, que sirva (Mar 9:33-37)

Lo maravilloso de la Palabra de Dios es que nos concede la verdad para que sea lámpara a nuestro caminar. Jesús nos enseña lo contrario de buscar la atención de los hombres. Jesús dice que aquel que desea ser visto, que sirva a otros, porque reconoce que Dios es quien lo ve y es a Él a quien sirve. Pero, además, que sirva en donde Dios lo coloque, ya sea un lugar visible o un lugar tras bastidores. 

 El que desee seguirme, niéguese así mismo (Mt 16:24)

Jesús dice que aquel que desea ser su discípulo debe negar aquellos deseos egocéntricos dentro de él. Debe dejar, como aquel joven rico, todo por Cristo. Debe negar las motivaciones de gloria para Él, debe dejar los pensamientos de grandeza que lo colocan en el centro, debe dejar de seguir las emociones que produce el aplauso, reconocimiento y escogencia de otros. Seguir a Cristo debe moldear tanto su vida que se parezca más a Él.

 Imita a Cristo en humildad (Mt 11:29) 

Por eso, la mujer que desea ser discípula de Cristo y profesa ser creyente, está continuamente creciendo en la Palabra. Esto significa que no solo sirve, no solo se niega a sí misma, sino que tiene una meta a perseguir: ser como su Señor y Salvador. Jesús fue  manso y humilde de corazón. Ojo con las palabras manso y humilde, porque procede de un corazón que está siendo formado por Él —de adentro hacia afuera.

Glorifiquen al Padre, así como Yo lo he hecho (Jn 17:22-26)

La mejor manera de aplacar nuestro ego de necesidad de atención es vivir para que Dios sea glorificado. Esto significa que todo lo que haces es para su gloria, basado en que reconoces que Él te está viendo, que Él conoce todo lo que pasa dentro de ti, y que por ello muchas veces te cerrará oportunidades. Quizás permita que pases por situaciones dolorosas para que recuerdes que el único merecedor de gloria y atención es Dios.  (Si quieres conocer más sobre vivir para la gloria de Dios, lee nuestro artículo https://www.reformadas.com/blog/a-quien-y-a-que-apunta-lo-que-hago)

 Querida amiga, somos buscadoras de atención por naturaleza, ladronas de la gloria que solo le pertenece a Él, y esto es pecado. Un pecado con el que Cristo ha lidiado en la cruz, por eso puedes correr a Él reconociendo que estas características, y quizás otras, están en ti, pero que lo necesitas a Él, a su perdón, y deseas vivir para su gloria. Trae arrepentimiento a tu corazón, porque el único merecedor de atención, es el autor y consumador de nuestra fe: Cristo. Es por Él que hacemos lo que hacemos; es por Él que tenemos lo que tenemos. Él debe ser nuestro foco de atención y a quien apuntamos a otros a ver.

 

Aprende

¿Coqueteas con la atención? ¿Qué es lo más difícil para ti?

Vive 

Escribe las características descritas y evalúate a la luz de ellas. Lee Juan 17 y ora junto a Jesús por la misión que Él te ha dejado junto a otros creyentes.

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