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¿Cómo honrar a Dios fuera de mi hogar?

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¿Cómo honrar a Dios fuera de mi hogar?
  • Honrar a Dios fuera del hogar tiene mucho que ver con mis prioridades más que con mis habilidades. 
  • Algunas mujeres se ven en la necesidad de trabajar, lo cual no debe desconectarlas de la influencia que son para sus hijos y esposo.
  • Su primer llamado es su hogar, el cual solo puede priorizar y atender si su relación con Dios es cultivada diariamente.
  • Su trabajo fuera del hogar no impide que discipule a sus hijos, implica que necesitará ordenar sus horarios y actividades.
  • Hombres y mujeres por diseño divino son llamados a liderar sus hogares en sus diferentes roles para honrar a Dios.
  • Aunque el pecado haya distorsionado las motivaciones e incline al individualismo o al feminismo, las cristianas ven a Cristo.

 

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¿Cómo honrar a Dios fuera de mi hogar?

Las mujeres siempre han trabajado. Tenemos ejemplos bíblicos de ello, por nombrar algunas: Rebeca (Gn 24:10-25), Rut (Rut 2), la mujer de Proverbios 31. También tenemos ejemplos en la historia de mujeres trabajando, algunas en el campo de acuerdo a la época, otras en tiendas, luego en empresas, hasta nuestros días,  que son dueñas de empresas físicas o en línea.

Por supuesto que no ha sido fácil para la mujer encontrar trabajos u oportunidades laborales como lo ha sido para el hombre. Sin embargo, quisiera retarte a pensar en tres razones por las que ha es difícil honrar a Dios fuera del hogar, pero que es precisamente la honra a Dios la que estamos llamadas a hacer. Examinemos estas tres razones junto a este principio bíblico.

El pecado original

La Biblia nos enseña que la causa por la que hay sufrimiento, injusticia, batalla de sexos, muerte, violencia y demás es porque el pecado entró al mundo y al corazón de todo ser humano, hombre y mujer (Gn 3). Cuando Adán y Eva desobedecieron a Dios, fueron destituidos de la gloria de Dios, la cual antes podían disfrutar perfectamente. El pecado fracturó la relación entre ellos y con la creación. 

El pecado es básicamente desobediencia al Señor, a sus palabras que denotaban su bondad, amor y sabiduría. Ese pecado aún nos tienta dentro de nosotras y dentro de los hombres. Ahora, el resultado es hombres usando a mujeres y mujeres manipulando hombres (Gn 3:16). Ninguno es víctima del otro, solo es el resultado de corazones que no se han rendido a Dios, y que, aún cuando vienen a la fe en Cristo, siguen luchando por despojarse de esa vieja manera de vivir. El pecado original sigue tentándonos, llamándonos a deshonrar y desobedecer a nuestro buen Dios para no ver correctamente sus propósitos y restauración. Por ello, argumentamos que el problema es el machismo, el abandono, la falta de oportunidades, y no el pecado original.

El llamado de Dios

Antes de la caída, Dios comisionó a la mujer y al hombre a gobernar sobre la tierra, sobre los animales y peces, a multiplicarse y llenar la tierra con más hombres y mujeres hechos a la semejanza de Dios (Gn 1:27-28). Era un llamado a realizar juntos, de acuerdo a los dones y roles que Dios les dio. El hombre fue creado primero para ser la cabeza (Gn 2:7) y la mujer fue tomada del hombre para ser su compañera y ayuda idónea (Gn 2:18, 20). De esta manera, eran complementarios en la labor de Dios.

Dios ha dado el privilegio a las mujeres de ser madres, sus cuerpos han sido diseñados para ello. Sin embargo, el pecado no solo dañó el buen funcionamiento de nuestros cuerpos, sino también la manera en la que percibimos nuestra feminidad y propósito. No solo somos células, somos un alma que también falla cuando dejamos de admirar al Creador y Padre celestial.  Nuestro llamado principal es el de ser ayuda idónea, de guardar nuestros hogares y cuidar a nuestros hijos, si Dios los provee. De esta manera, estamos trabajando para la gloria y honra del Señor que nos ha hecho y dado este llamado. Hombres y mujeres haciendo discípulos de Cristo en sus hogares.

La maternidad y el hogar

Ahora bien, esto no significa que no podamos laborar fuera de nuestro hogar. Las situaciones que Dios nos permite enfrentar son diversas: un esposo que se ha quedado sin trabajo; un esposo que ha abandonado el hogar; un esposo que ha fallecido o que está enfermo; ser madre soltera. Muchas más circunstancias nos acontecen. Dios no ha dicho que las mujeres no pueden trabajar fuera del hogar, pero sí que cuiden su hogar (2 Ti 2:13).

No es fácil hacer ambas labores, trabajar y cuidar el hogar, pero Dios nos ayuda cuando nuestra intención es honrarlo en todo lo que hacemos. Lo cierto es que las estadísticas nos dicen que las mujeres que cuidan de su hogar y están presente en la vida de sus hijos tienen mayor influencia en sus vidas, aunque estén trabajando fuera del hogar.

Un estudio de Barna mostró que la influencia de las madres es tal, que son vistas como confidentes de sus hijos, pues ellas son más propensas a preocuparse por su crecimiento espiritual.[1] Dios no se equivoca en la vocación que le ha dado a la mujer (Prov 6:20). Aunque el pecado nos inclina a desear nuestra individualidad o al feminismo, necesitamos recordar la bondad de Dios en nuestro diseño y lo necesarias que somos para nuestro hogar.

Honra a Dios fuera del hogar

Ahora bien, ¿quiere decir que la mujer no puede trabajar fuera del hogar? No. Más bien, quiere decir que aquellas mujeres que deben trabajar o escogen trabajar fuera del hogar, ya sea presencial o remotamente, deben recordar que su principal llamado es honrar a Dios con la familia que les ha dado, de manera que sean un instrumento útil al Señor, (2 Ti 2:21). 

La honra a Dios puede verse en ajustar tus horarios para estar pendiente de las actividades de tus hijos, hacer un plan que te permita participar en tareas o eventos de ellos, procurar tener tiempos de conversación con tu esposo, tiempos de oración, de cocinar juntos, si es posible. Relacionarte intencionalmente, ser parte de la vida y lo que sucede en los corazones de tu familia es primordial y ciertamente honra al Señor que te los ha dado. 

No hay mayor regocijo para una esposa y madre que ver a sus hijos caminar en el Señor y a su esposo diciéndole cuánto la admira. No se trata de ser perfectas, se trata de ser genuinas tanto en nuestras prioridades como en nuestras necesidades al llevarlas al Señor, depender de Él y recordar que honrar al Señor es de bendición para nuestras almas. Si debes trabajar fuera del hogar, no sientas culpa, honra al Señor, confía en Él, cultiva una relación con Él para que tu familia se beneficie de la sabiduría que Él te provee para tomar decisiones, ordenar y priorizar lo que Él te ha dado, al mismo tiempo que te usa para bendecir con ingresos a tu familia.

 

Aprende

¿Qué significa honrar a Dios fuera del hogar?

Vive

Lee Proverbios 31:10-31 y describe las actividades que esta madre hace por su hogar, luego responde: ¿Qué es lo más difícil de hacer? ¿Por qué es difícil? ¿Cómo te ayuda el evangelio a recordar la gracia, el perdón, la justicia y el camino de santidad de Cristo?

Lidera

¿Cómo puedes poner tus dones y habilidades al servicio de tu familia?

 

Recursos

https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/lecciones-para-mama-que-trabaja-fuera-de-casa/

https://somossoldados.org/las-mamas-pueden-hacer-discipulos/

 

[1] https://www.barna.com/moms-juggle-it-all/

 

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