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Comparación: El silencioso ladrón del gozo

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Comparación: El silencioso ladrón del gozo
  • Las redes sociales no son el problema, sino que revelan lo que ya está en nuestro corazón. (Lc 6:45)
  • La comparación nace de la incredulidad en la bondad, amor y sabiduría de Dios. (Ec 4:4) 
  • Frutos de la comparación: tristeza, envidia, orgullo, queja y desconfianza en Dios. (Gá 5:26) 
  • El enfoque correcto: entrenar el corazón para enfocarse en Dios y no en lo temporal. (Sal 17:14-15)

 

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Comparación: El silencioso ladrón del gozo

Por Gaby Puente

Ese día Raquel se despertó y lo primero que hizo fue tomar su celular. Abrió su aplicación de Instagram y comenzó a ver las historias recientes de sus amigos. De repente, su estómago se encogió y sus pupilas se dilataron. Una de sus mejores amigas estaba embarazada nuevamente. Lo desafortunado en esta historia es que, por muchos años, Raquel y su esposo habían deseado tener hijos pero, hasta ese momento, Dios no había respondido esa petición. 

Poco a poco, como cuervos en pugna, sus pensamientos comenzaron a hacer un nido de desesperanza y comparación en su mente: «¿Por qué Dios no me otorga un hijo como a mi amiga? ¿Tengo algo malo en mí? ¿Será que mi esposo me sigue amando aunque no le pueda dar una familia? ¿Qué habrá hecho Sonia para que Dios sea bueno con ella?» Una simple publicación de Instagram entristeció y amargó el corazón de Raquel, a tal punto que no quiso comer durante todo el día.

Una mentira que pasa desapercibida 

Estoy convencida que las redes sociales son útiles para mantenernos al día de las vidas de amigos y familiares en otros lugares del mundo, para compartir con otros lo que hacemos en nuestro día y visualizar contenido entretenido, educativo e informativo. Sin embargo, podemos caer en la sutil mentira de que son inofensivas para nuestro corazón (Pr 4:23). Aquí es importante recalcar el hecho de que las redes sociales no son el problema, sino que a través de ellas, el sol da luz a lo que hemos albergado en nuestro corazón (Lc 6:45). 

Ahora, el problema no es la foto del embarazo de Sonia, que provocó la comparación y desesperanza de Raquel, sino lo que Raquel ya albergaba en su corazón: el derecho de ser madre y la creencia de que Dios es más bondadoso con otros que con ella (Mt 20:15). 

Piensa en la manera en la que las redes afectan tu comportamiento, tu día o tus relaciones. En todas esas cosas que tu corazón contempla más fácilmente por el hecho de tener redes y la tentación que podemos experimentar de comparar nuestra vida con el espejismo de la vida de otros (2 Co 10:12). A los ojos de la prudencia propia, las redes sociales no representan ningún peligro para nuestro corazón, pero el sabio cuida sus ojos de todo aquello que le roba tiempo de meditar en lo real y de aplicarse en lo que es útil (Ec 2:14). 

La raíz de la comparación en redes 

¿Qué hubiera pasado si en lugar de ver las historias de sus amigas, Raquel hubiera abierto su Biblia en los salmos? ¿De qué manera hubiera informado su perspectiva de Dios, de sus bondades, de su amor y de su soberanía? ¿Y si hubiera mantenido una práctica de subrayar los atributos de Dios antes de echar un vistazo a las buenas noticias de su amiga? 

Probablemente tendría menos conversaciones con sus emociones y más con las verdades de la Palabra. La comparación se enfoca en las circunstancias, en las pérdidas y en los anhelos insatisfechos que, al verlos cumplidos en otros, nos roban el gozo y la gratitud. Pero ¿cuál es la raíz de la comparación sino la incredulidad de la bondad, el amor y la sabiduría de Dios sobre nuestras vidas? 

Ahora es mucho más fácil caer en este pecado porque tenemos a nuestra disposición una ventana digital que nos muestra solo las victorias, las bendiciones y las buenas noticias de los otros. Hace algunos años comparaba mi llamado ministerial con el éxito de una creyente fiel que ha sido utilizada efectivamente por Dios para llevar el evangelio a mi generación. Cada vez que veía alguna buena noticia de su vida le preguntaba a Dios por qué no me había concedido tal o cual cosa que ella mostraba en sus historias. 

En lugar de enfocarme en ser fiel un día a la vez, comencé a añorar un estándar de vida diferente al que tenía en mis manos. Sin embargo, en su amor, Dios me mostró en su Palabra que todo en este mundo es vanidad y correr tras el viento (Ec 4:4), incluido todo lo que puedo ver en las redes sociales. 

A través de mi tiempo en redes y de mi actitud al compararme con otros, Dios reveló que tenía una raíz de orgullo que me hacía pensar en que Él no quería o no tenía un mejor bien para mí y que amaba más a otros. Sin embargo, gracias a Cristo, pude ver que las redes sociales solo exponían el pecado que ya tenía albergado y que constantemente ocultaba. Gracias al Señor pude correr en arrepentimiento y fe a la cruz, dejar de seguir a la persona con la que me comparaba y borrar la aplicación de mi celular. No puedo darle ninguna vía de paso al pecado y, como dice Mateo 18:9, tuve que cortar, por un tiempo, el medio de tentación.

Frutos de la comparación en redes

La historia o la publicación que te trae tristeza porque muestra algo que no tienes, la ira que experimentas porque una persona logró algo que no has alcanzado o la angustia que sientes porque tú has perdido lo que otros presumen son, en realidad, los frutos de amargas dudas del amor, la bondad y la sabiduría de Dios. La realidad es que dudamos de su cuidadosa planificación, de todas sus bendiciones y de todos sus caminos (Jr 29:11). El Salmo 139:16 dice que, de la misma manera que tuvo una detallada atención a la formación de nuestro cuerpo, es así que ha escrito todos los días que habríamos de vivir antes que alguno de ellos existiera. Otro de los frutos es la desconfianza en su poderosa capacidad para cuidarnos, proveer nuestras necesidades y escuchar nuestros deseos (Fil 4:19). Y cuando aparece la desconfianza, en seguida llega la queja, la murmuración, el orgullo, la envidia y los celos (Gá 5:26.

Así que cuando estos frutos son parte de nuestras acciones, reacciones y respuestas a la interacción que tenemos en redes, entonces, puedes estar segura de que pronto desarrollaremos e imitaremos lo que contemplamos, lo que significa tener un estilo de vida, un conocimiento o una imagen que no es fiel a la realidad.

El enfoque en lo correcto

Querida amiga, la tentación de la comparación en redes sociales es inevitable, pero puedes entrenar a tu corazón para enfocarse primero en el cielo. Esto comienza con una evaluación de qué cosas son aquellas que puedes ver en tu feed y que pueden traerte pensamientos de inferioridad, duda del amor de Dios o desesperanza. Así que analiza qué envidias, qué deseas sobre otras cosas y cuáles son tus reacciones cuando ves una publicación o el número de seguidores de otra persona. 

Sé honesta contigo misma. Piensa en que ese comportamiento evidencia lo que crees acerca de Dios, así como en dónde está tu confianza, tu valor y tu relación con otros. El enfoque correcto comienza con un corazón arrepentido, que pide perdón por permitir que cosas temporales sean más importantes que conocer al único y sabio Dios. También pide perdón por definir quién es Dios, a partir de la vida y circunstancias de otros.

Después de que una oportunidad misionera que amaba profundamente se esfumara, mi corazón se partió. Poco después, vi en el Instagram que una buena amiga fue aceptada en su trabajo ideal y comencé a compararme. Luego de unas semanas de que a diario renuncié al deseo de mi corazón y me sometí a la voluntad de Dios, leí el salmo 17:14-15: 

de los hombres, con tu mano, oh Señor, de los hombres del mundo, cuya porción está en esta vida, y cuyo vientre llenas de tu tesoro; se llenan de hijos, y dejan lo que les sobra a sus pequeños. En cuanto a mí, en justicia contemplaré tu rostro; al despertar, me saciaré cuando contemple tu imagen.

Me di cuenta de que el hombre sin Dios halla su identidad y su fortaleza en acumular familia, relaciones, posesiones, tesoros, trabajo, hijos y todo lo que se puede presumir en tu perfil social. La idea de la aparente prosperidad y llenura que proviene de la mano de Dios no es la prioridad del salmista. Pues, al afirmar «en cuanto a mí», el salmista escoge dedicar su tiempo, atención, consideración, pensamientos, meditaciones y deseos a contemplar el rostro de Dios. A pesar de que existen buenas bendiciones de Dios, David pone sus ojos en la belleza de lo eterno y afirma que solo su Señor satisface su alma.

Es mi oración que seamos mujeres que pongamos nuestros ojos a contemplar al Señor. Si utilizas redes sociales a diario, ten a consideración el peligro, así como tus debilidades y evalúa tus prioridades. Si ves que una publicación te roba el gozo y da la bienvenida a la comparación, recuerda que todo pasará, pero la Palabra de Dios permanecerá y su fidelidad es buena contigo.

 

Aprende

  • En las mañanas, antes de ver tus redes sociales toma tu Biblia, un lápiz, tu cuaderno, y cada día lee una porción del libro de Salmos. 
  • Escribe todas las veces que encuentras el carácter o la obra de Dios.

Vive

  • Revisa tu lista de cuentas seguidas: ¿hay personas o páginas que alimentan la comparación o la insatisfacción? Considera dejarlas de seguir. 
  • Establece límites de tiempo en redes para evitar perder tiempo meditando en lo superficial en lugar de lo eterno (Ec 2:14).

Lidera

  • Facilita un estudio bíblico o una conversación grupal sobre cómo las redes sociales revelan lo que hay en nuestro corazón. (Lc 6:45). 
  • Anima a las personas a reflexionar sobre cómo reaccionan ante lo que ven en redes y qué mentiras creen sobre Dios y su amor.

 

Recursos

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