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Defensora de vida

anna bowden reformadas una historia de fe Jun 01, 2022

 

  • Proveniente de Inglaterra y de una vida acaudalada 
  • Se enlistó para ser misionera en la India
  • Fue una mujer de fe porque valoró la vida humana, así como Dios la valora
  • Sus acciones no provienen de su propia necesidad, sino del amor por Dios
  • Defendió la vida de otros porque Cristo dio la vida por ella

 

Defensora de vida

Muchas personas consideran que hacer algo valioso por otros es impulsado por la necesidad personal que se ha tenido, pero no siempre es así. Es el caso de Anna Bowden, una mujer de fe, sin temor a los hombres, que defendió el valor de la vida humana por ser un don dado por Dios.

 ¿Quién es?

Una mujer acaudalada, culta; una joven impresionante que nació en Inglaterra en una etapa de ocultismo extremo, brutalidad y paganismo espiritual. Dejó su acomodada y cómoda vida familiar por ser misionera en la escuela Henrieta Soltau en Londres, donde se preparaba a mujeres que respondían al llamado de evangelización transcultural.

 En 1891 ella respondió a ese llamado con esta aseveración: 

“No conozco los desafíos que me esperan entre personas que viven para morir.

No obstante, sí conozco la gracia del Salvador que me llamó a morir por la vida”.

 ¿Qué hizo?

Es así como ella llega a una ciudad a orillas del mar de Kancheepuram, donde se hallaba una pequeña comunidad de exportadores de telas que narraron a Ana acerca de la desaparición de las personas, sin dejar rastro alguno.

 Anna empezó a trabajar para ayudarlos, restauró las instalaciones destruidas de la misión que estaba allí, y reabrió esa diminuta clínica y escuela. Al principio, los nativos eran fríos hacia ella, pero Anna se ganó su cariño, especialmente el de los niños y marginados. En tan solo tres meses, sus esfuerzos solitarios empezaron a levantar una abundante cosecha.

 Sin embargo, al poco tiempo, un movimiento hindú tomó lugar en el sur de la India, donde Anna se encontraba. Ellos profesan el hinduismo y buscaban adeptos para contradecir las enseñanzas cristianas. Decidieron lanzar una campaña contra aquellos que proclamaran a Jesús, y en su protesta, realizaron sus más grotescos rituales, entre ellos: sacrificio ritual sobre los féretros; infanticidio femenino; rituales abortivos. 

 Ella organizó una red de rescate que brindó un rápido escape a las viudas condenadas, y realizó un grupo de creyentes para interferir con las prácticas abortistas. En 1893, los actos de Anna contra este movimiento llevaron amenazas a su persona. El líder hindú habló con el virrey para detener a Anna, mintiendo que sus labores distorsionaban la paz. El virrey no respondió como el líder deseó, así que este tomó el asunto en sus manos al incendiar por completo varios de los hogares, violaron a varias de las niñas, torturaron y asesinaron a Anna.[1]

 ¿Qué podemos imitar?

Esto pareciera ser el fin de una buena intención, obra o proyecto. Sin embargo, para los hijos de Dios, la muerte es ganancia (Fil 1:21). Su impacto provocó que el mundo se diera cuenta del insalvable abismo entre la ética cristiana y la brutalidad pagana religiosa. Su audaz ejemplo produjo un avivamiento dentro de la comunidad misionera en la India y sus publicaciones escritas poco después de su martirio provocaron un enorme impacto en toda Inglaterra igualmente.

 Su fe moldeó su vida de tal manera que la invirtió completamente en preservar la vida humana como un reflejo de la vida nueva que le fue dada en Cristo. Podemos imitar su valentía, su amor desinteresado por otros, y sobre todo, ser fiel en el llamamiento santo de preservar lo que Él valora: la vida humana.

 ¿Cómo perseveramos en la fe en Cristo?

En estos tiempos, el aborto está prescrito al lado de píldoras para domir bien. Es recetado como una cura a un mal. Lo cierto es que todo mal o acto malvado proviene del corazón del hombre, de la centralidad que hay en él mismo. Adoran lo que desean, matan para llevar esto a cabo, más no aceptan al que murió en una Cruz por ellos.

 No importa cuán difícil sea defender el valor de la vida humana por ser creación de Dios, las hijas de Dios se aferran a esta verdad al contarla a sus hijas, a sus hermanas en la fe, a su comunidad, a un mundo que no conoce otra manera a menos que el evangelio les sea predicado y sus mentes iluminadas por el Espíritu Santo. Perseveramos hablando la verdad, defendiendo la verdad en la vida que Dios ha dado, la física y la espiritual, porque valoramos el honor de Dios.

 Aprende

Lee Mateo 25 y describe las acciones que Jesús nos llama hacer por otros

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 [1] Historia de Dunkerley, “Women of the Covenant”, Presbyterian Journal, octubre 1985

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