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Tres verdades sobre la salvación

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Tres verdades sobre la salvación
  • La salvación es el plan del Señor para nosotros y para su gloria.
  • Nuestra salvación está en sus manos.
  • Nuestra salvación fue llevada a cabo por Jesucristo, por su vida, muerte en la cruz y resurrección. Él es el autor y consumador de nuestra fe.
  • No hay buena obra o buen comportamiento que me haga merecedora de la salvación.
  • La salvación es necesaria porque somos pecadores apartados de una relación con el Dios santo y justo.
  • La salvación no se pierde porque Dios es fiel a su pacto para con su Pueblo.
  • La salvación no se pierde, pero el pecado aún afecta nuestra relación con Dios y nuestro cambio de vida.
  • Dios nos mantiene a salvo eternamente porque Él lo ha prometido.

 

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Tres verdades sobre la salvación

Cuando hablamos de salvación, parece que sabemos todo lo que hay que decir: hacer una oración para creer en Jesús y confesar mis pecados, por eso sé que iré al cielo y no al infierno; soy hija de Dios ya que Jesús murió en la cruz por mí. Y todo esto es verdad, sin embargo, pareciera que la salvación pasa desapercibida y se convierte solo un boleto de entrada al cielo y no en el mensaje que reestructura nuestro estilo de vida y que afecta nuestra identidad y adoración a Dios.

Hoy quiero retarte a meditar en tres verdades acerca de la salvación y cómo afectan tu forma de vivir, adorar y relacionarte con Dios. 

1. La salvación es necesaria

La salvación es del Señor, que se lleva a cabo bajo su plan, sus términos y condiciones. Somos nosotras quienes necesitamos la salvación porque hemos pecado contra Dios. De otra manera, Su ira permanece sobre nosotras (Jn 3:35) y no podremos relacionarnos con Él como hijas (Ro 8:15). La salvación es necesaria para que no solo vivamos con Él eternamente, sino que, mientras transitamos en este mundo, podamos experimentar la primicia de su amor, cuidado, perdón, transformación y ser instrumentos de misericordia para este mundo. (Si quieres conoce más sobre vivir para Jesús, lee aquí https://www.reformadas.com/blog/creo-en-jesus-ahora-que).

Por tanto, somos nosotras quienes necesitamos salvación a través del sacrificio de Cristo en la cruz del calvario por nuestros pecados, y su resurrección para sellar la promesa de la vida eterna con Él. Cristo venció el pecado que nos gobernaba, ahora podemos vivir para Dios como Él lo pide, con gozo y amor; sabemos que la muerte no es el fin de nuestra vida, es solo el inicio. El plan de salvación es de Dios a causa de nosotras, pero es para su gloria, por eso, Él orquesta todo porque solo Él tiene el poder de salvar y darnos nuevos corazones de manera que lo conozcamos, nos acerquemos en oración y lo amemos con todo nuestro ser.

Lee: Salmos 3:8; Salmos 41:4; Jueces 10:10; Juan 3:16; Hechos 2:23

2. La salvación no se gana

Si la salvación es del Señor y Él la lleva a cabo, quiere decir que lo que yo haga o no haga no me gana la entrada al cielo, a su presencia, a su familia como su hija ni a sus recursos para vivir en este mundo. Yo no tengo mérito alguno en mi salvación, pues no soy suficientemente perfecta, santa y justa como Dios lo requiere para llevar a cabo una salvación firme, completa y suficiente en mi lugar. Esto es así porque nuestro pecado es grave, merece muerte (Ro 3:23) ante un Dios santo, pero Cristo pagó por nuestros pecados para darnos vida, y vida en abundancia. Por eso es que nosotras no podemos ganarla, solo Cristo.

Es una buena noticia que mi salvación no dependa de mí o de mi buen comportamiento, o de mis buenas obras, porque estas son esporádicas debido a mis debilidades en humor, carácter y fe. Solo alguien perfecto fuera de mí puede hacer lo que yo no puedo hacer —o de lo contrario no lo necesitaría. Además, si depende de mí, cuando falle, caeré en culpa de la cual nadie puede rescatarme a menos que me quite del centro y Cristo sea el verdadero Señor y Salvador de mi condición pecaminosa para llevarme a conocer su santidad y anhelar en mí. (Aprende más del porqué de nuestra relación fallida con Dios aquí https://www.reformadas.com/blog/mi-relacion-fallida-con-dios).

Lee: Tito 3:5; Efesios 2:8-10; Salmos 80:19; Miqueas 7:7; Juan 3:36.

3. La salvación no se pierde

Por lo tanto, si la salvación es del Señor, si Él la ganó por su obra en su vida, muerte y resurrección, entonces no la puedo perder. Si dependiera de mí, como lo dijimos anteriormente, seguro la perdería porque dependería de mis obras, pero Dios, conociendo esto, ha hecho que la salvación de su pueblo dependa de la obra de su Hijo. ¡Por eso es que nuestra fe está en la obra y la persona de Cristo! Por eso creemos en Él, y conforme a ello, empezamos a vivir bajo su señorío y por su salvación hacia nosotras.

El carácter fiel de Dios es el que nos sostiene en sus promesas de hacernos un pueblo de Él eternamente. Dios no es como nosotras, que un día dice sí y otro día dice no. Tampoco quiere decir que tenemos libertad de pecar porque no perdemos la salvación, al contrario, el fruto de que has comprendido lo que implica la salvación es que ya no deseas pecar, y por ende, pecas menos. Amas lo que Dios ama y aborreces lo que Dios aborrece. Cuando comprendes que fuiste rescatada para no vivir en la inmundicia de nuestra propia justicia pecaminosa ya no querrás volver a vivir de esa manera porque encontraste el verdadero amor, el mejor Señor, el buen Padre, y al mejor consejero, nuestro Dios trino para siempre.

Lee: Juan 10:27-29; Judas 1:24; Filipenses 1:6; 2 Timoteo 1:12; 1 Corintios 1:8

 

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