Superando el abuso
Feb 04, 2026
- Todas hemos sufrido algún tipo de abuso.
- La maldad en el corazón humano nos recuerda que todos somos capaces de hacer cualquier cosa.
- Cristo sufrió para que, en nuestro sufrimiento, podamos acudir a Él con confianza.
- El abuso se tiene que denunciar.
- No estamos solas, busquemos ayuda con personas fieles y temerosas a Dios.
¿Quieres aprender a leer la Biblia correctamente? Nosotras te ayudamos. Haz clic aquí para descargar nuestros recursos bíblicos gratuitos.
Superando el abuso
No he conocido a una sola mujer que nunca haya sufrido algún tipo de abuso. Todas hemos experimentado ese dolor en diferentes escalas. Hemos sufrido de abuso de parte de nuestros padres, hermanos, amigos, jefes, maestros, esposos, novios, incluso de personas que no conocemos y que nos topamos en algún momento de nuestras vidas.
Todas hemos sufrido abuso, lo cual es una desgracia y algo que no debería existir. Lamentablemente, es el día a día del ser humano, de todos los que vivimos al este del Edén. La maldad ha existido desde la rebelión de nuestros primeros padres (Gn 3) y ha ido en aumento, como nos lo recuerda Mateo 24:12-13, que dice: «Habrá tanta maldad que el amor de muchos se enfriará, pero el que se mantenga firme hasta el fin será salvo» (NVI).
Lo hemos visto, podemos dar testimonio de que la maldad ha ido en aumento. Tan solo al abrir nuestras redes sociales y ver noticias en tiempo real nos damos cuenta de que la perversidad está presente en todos los sitios del mundo.
A lo largo de nuestras vidas, pasaremos por algún tipo de tribulación; no siempre lo podremos evitar. Vamos a experimentar dolor, quebranto, aflicciones por causa de otros, sin duda. Sufriremos algún tipo de abuso. Saber esto me causa mucho dolor y pesar, no por mi propio sufrimiento, sino por el de las mujeres que amo y aun las que no conozco.
La maldad en el corazón humano es inmensa y nos recuerda que todos somos capaces de hacer cualquier cosa. Solo por la gracia de Dios es que no todos hacemos lo malo que está en nuestro corazón; sin embargo, algunos que no son guiados por el Espíritu de Dios harán mucho daño, incluso a los que amamos al Señor.
Recuerda a Cristo
Por desgracia, no hay una fórmula instantánea para superar el abuso. El abuso no se sana en una reunión con amigas, ni repitiendo frases de ánimo y motivación como si fueran un mantra. Tampoco se sana odiando y pensando en la venganza; menos aún encuentra sanidad por leer un artículo o escuchar un podcast acerca de «Cinco pasos para superar el abuso».
El dolor que se experimenta es de tal magnitud que se necesita la ayuda de Cristo, quien se entregó y sufrió de tal manera que Él entiende nuestro sufrimiento, puesto que lo experimentó a un mayor grado que cualquiera de nosotras. Necesitamos recordar a Cristo, no solo como el siervo sufriente, sino como nuestro consolador, el experimentado en quebrantos (Is 2:13; 53:12).
Cristo sufrió para que, en nuestro sufrimiento, podamos acudir a Él con confianza. Jesús, además, padeció en nuestro lugar, nos entiende y se duele con nuestro dolor. Podemos ir ante Él con todo nuestro sufrimiento, el dolor del abuso para llorar y lamentarnos con el Señor por la condición de maldad en el corazón humano y el mundo entero. Podemos llorar y clamar a Él por justicia, pero también para pedir perdón.
Nuestro Señor no es indiferente a nuestro dolor, al contrario, Él nos ama y está cercano a nosotras cuando lloramos, cuando sufrimos a causa del abuso, porque no es así como debía haber sido la historia de sus hijas. Podemos acercarnos porque Él nos da consuelo y nos llama bienaventuradas cuando lloramos a causa de las injusticias y el dolor de la vida.
«Bienaventurados los que lloran, pues ellos serán consolados» (Mt 5:4). Podemos ir a Él con confianza, con nuestro corazón hecho añicos y Él, con paciencia, con amor, con gracia, lo restaurará y consolará.
Un paso más
Quisiera darte en un punto cómo se puede superar el abuso, pero te estaría dando falsas esperanzas. El abuso, sea cual sea, no se sana en un instante. No se cura así porque es una ofensa que atenta contra la imagen de Dios en nosotras. El abuso nos minimiza, nos humilla, nos hace sentir desprotegidas, olvidadas, no amadas. Necesitamos más que una charla que trate de animarte y consolarte.
Pero hay buenas noticias, Dios no nos dejó solas en esta tierra, nos dejó a Su Espíritu Santo principalmente, para consolarnos en todas nuestras aflicciones, para llenarnos de su paz y su amor; para ayudarnos a perdonar y descansar en Él. Pero también nos ha dado a su iglesia, el cuerpo de creyentes que, de manera no perfecta, buscarán ayudarte y animarte en tu restauración.
Aun si el abuso hubiera venido de parte de alguien de la misma iglesia, debes recordar que aún hay personas creyentes piadosas, temerosas de Dios, fieles a su Palabra y que, por amor al Dios que sirven, te escucharán, te consolarán y te recordarán el evangelio, las promesas de Dios para tu vida. No estás sola, busca ayuda con personas fieles y temerosas a Dios. Busca de preferencia mujeres mayores que te acompañen y caminen contigo en el proceso de tu restauración.
No guardes silencio
Sé que el abuso nos avergüenza, pero, aun así, querida amiga, no guardes silencio. El primer paso para comenzar a sanar es hablar. Alguien estará dispuesta a escucharte y, con discernimiento y ayuda del Espíritu Santo, a denunciar a las autoridades de ser necesario. Si hay abuso, se debe denunciar. No temas, Dios va delante de ti.
Pide ayuda en oración, compañía, consuelo. No estás sola, créeme. Pido a Dios que puedas experimentar su amor, compañía y consuelo por medio de su iglesia, el cuerpo de Cristo. Que puedan traer palabras que sean como agua viva para ti, que te vivifiquen y restauren todo el tiempo que sea necesario.
Es mi anhelo que experimentes la bondad de Dios en medio de un mundo donde abunda el mal. Es mi deseo también que Cristo vuelva y restaure todo lo que se ha roto, y que por fin podamos vivir como debía haber sido desde el principio. Pero, mientras eso ocurre y estamos en este mundo roto, animémonos unas a las otras con el consuelo y el amor que Dios ha puesto en nuestros corazones por medio de Cristo Jesús. Amén.
Aprende
- Si has sufrido algún tipo de abuso, recuerda que tu identidad, quién realmente eres, lo define Cristo, no lo que te sucedió.
Vive
- No guardes silencio. Todo tipo de abuso debe ser denunciado. Habla con tus padres, con tus pastores o una mujer mayor que puedan orientarte, contenerte y protegerte también.
- Recuerda las bondades de Dios y pide a alguien más que te esté recordando las promesas de Dios para tu vida. No estás sola.
Lidera
- Acompaña a otras mujeres que puedan estar experimentando algún tipo de abuso y anímalas a denunciarlo también. Aunque sea un abuso pequeño, de autoridad, por ejemplo, debemos detenerlo cuanto antes.
¡Únete a Reformadas hoy!
Y accede a los estudios Bíblicos gratuitos que satisfacen tu alma y aumentan tu fe.